jueves, 10 de marzo de 2011

de lo fantasioso a lo real!!!





Las hadas residen, habitualmente, en los bosques frondosos, porque es allí donde se ven rodeadas de todas esas flores silvestres tan llamativas y coloridas que tanto les alegran y les atraen. Pero no es este el único sitio donde las hadas pueden establecer su residencia, puesto que se dice que alrededor nuestra, en nuestros hogares, las hadas pueden estar, también, haciéndonos nuestras vidas más llevaderas, gracias a la energía positiva que nos facilitan, y que nosotros canalizamos y exteriorizamos a los demás. Además, las hadas, en cierta manera, se podría decir, que se encuentran en todos los ambientes y lo controlan todo, hasta los elementos, que van desde los más complejos hasta los más sencillos como son el aire, el fuego, el agua y la tierra.
Se podría decir que en todos nuestros hogares hay hadas, aunque nosotros, los mayores no las podamos ver; su presencia es notable, sobretodo por los niños pequeños que tengan fe, y que crean en ellas. Si tenemos jardín en nuestras casas, es muy probable que en ellos, haya hadas también y la probabilidad se hará más creciente si tenemos flores y árboles. De todas formas, si creemos que en ellos no las hay, podremos atraerlas colocando casas de pájaros y bebederos en los árboles, además de flores que atraigan a las mariposas como el crisantemo, el tomillo, las rosas, el jazmín y la petunia entre otros. Las Rosas Son el centro de atención para ellas, y si se realiza una pócima con veintiún pétalos metiéndolos en una olla cobriza cerrada, ésta dará resultado.

estremece tus sentidosss!



Es cierto que en ocasiones no son ellas las que eligen su aspecto, sino que es un ser con más poder que ellas, un brujo o una bruja, quien lo elige. El caso más conocido es el de Melusina, que por culpa de un maleficio estaba condenada a convertirse los sábados en serpiente. Pero la historia de Melusina también os la contaré más adelante.
Como ya mencioné anteriormente, algunos mantienen que las hadas no son las que cambian, sino que es nuestro pensamiento el que las hace cambiar de forma. Son como las imaginamos, las vemos como queremos que sean.
Yo prefiero pensar que son espíritus traviesos y burlones contra la seriedad humana, y si cambian de forma es para desmitificar la supuesta realidad en la que tanto cree el hombre. Algunas hadas, como las Lamias, se caracterizan por su espíritu de negación, dicen sí cuando quieren decir no, y no cuando quieren decir sí, y así lo hacen todo. Basta que creas algo para que ellas te demuestren lo contrario. Pienso que es su traviesa forma de ser la que las hace cambiar de tamaño. Si no me creen, pregunten a un niño, ¿es divertido disfrazarse, hacerse invisible, jugar con los mayores a que crean lo que no es? Pues para ellas también es divertido, y por eso juegan.


Respecto al cambio de apariencia, otros relatos demuestran que vemos lo que ellas quieren que veamos, y no al revés.

a que no sabias esto!!!


El hombre sólo cree lo que ve en una actitud netamente mental, por eso siempre ha negado la posibilidad de otro tipo de vida. Lo cierto es que el ser no podría sobrevivir si esto fuese así.

Existen otras corrientes de vida paralelas al humano aunque no se vean.
Estos seres normalmente habitan en un plano interno, y se presentan en el plano primario cuando son invocados por medios mágicos. No son muy inteligentes, y ésta es precisamente la razón para que sean invocados tan frecuentemente, ya que otros seres más listos presentarían más resistencia a la invocación.

Un elemental puede ser invocado mediante conjuros, con una vara o con otro objeto invocador. Lo más importante al invocar a un elemental es mantener el control de éste al llegar al plano material, ya que los elementales odian alejarse de su plano residencial, y al llegar al plano material lo hacen muy cabreados. Si el elemental es destruido vuelve al plano interno del que procedía.

Si la persona que invoca pierde el control del elemental pueden pasar dos cosas; que el elemental le ataque o que decida volverse a su plano de origen. El control de un elemental puede ser robado a la persona que lo invocó mediante el conjuro de Disipar magia.